martes, 2 de abril de 2013

Y LE MIRÉ A LOS OJOS, Y...


No me reconoció, tenía la mirada perdida y estaba asustado. De repente reaccionó, preguntándome quién era. No era posible; ¡No recordaba nada de lo que habíamos vivido juntos aquellos últimos años! ¡No recordaba que yo era la persona que más le amaba!
 Le expliqué todo lo que había sucedido, que un día desapareció dejando una nota que decía: “Me voy en busca de la felicidad, encuéntrame. De: Martin” Y bien, yo le había encontrado, pero él  no recordaba nada de aquello, él pensaba que tenía otra vida, sólo, en aquel magnífico campo de amapolas, en una pequeña casa de madera... Seguidamente, pude contemplar que algo le preocupaba, y me explicó que, desde que entró a ese campo tan bonito, olvidó todo. Me dijo que fue él quien le hizo todo eso, él fue quien le borró la memoria. Pero... ¿Quién es “él”? le pregunté. Y no me respondió. Cada vez estaba más asustado e inquieto por si alguien aparecía. Oímos un ruido que venia del bosque.  Se escuchaba el galope de un caballo. Martín me cogió del brazo y me hizo seguirle hasta aquella pequeña casa para poder ponernos a salvo.
Una vez allí, me lo explicó todo con calma. Aquel hombre que se estaba acercando a nosotros cada vez más, era el mismo hombre que le había robado la memoria y la felicidad. Martín solo sabía que era un hombre que siempre montaba un caballo blanco y que siempre llevaba una capa negra, por eso le conocía como “El Hombre Oscuro”.
Yo le expliqué lo felices que éramos antes, en nuestra casa de Andalucía y con nuestros tres hijos. Él me creyó, aun así, no recordaba nada. Me dijo que la única manera de volver a recordar, era encontrando la felicidad del Hombre Oscuro. Yo decidí quedarme con Martin para hallar la felicidad de aquel hombre y así poder volver a ser una familia.
El sonido de los cascos del caballo se fue alejando hasta desaparecer. Entonces, los dos salimos fuera de aquella pequeña casa de madera, para intentar buscar alguna pista que seguir. Tras cuatro horas de búsqueda, al fin encontramos un árbol enorme y dentro del tronco, un mapa. Seguimos las indicaciones del mapa y llegamos a un cerezo precioso con las flores rosas. Allí debajo comenzamos a cavar y encontramos una botella con una carta dentro. La abrimos y explicaba una pequeña historia que trataba sobre Sergio, que le había separado de su hija por un hechizo.
 Ahora lo entendíamos todo, el Hombre Oscuro se dedicaba a robar la felicidad de las personas, por la misma tristeza que tenia de no estar con su hija Ruth. Sergio, vivía a muchos quilómetros de aquel lugar, pero aun así, reunimos todas nuestras fuerzas y llegamos. Tardamos 5 días, pero valió la pena.
Martín se hizo pasar por un guardia y yo por prisionera. Al entrar al castillo sin ningún problema, decidimos ir a la habitación de Ruth, que estaba en la torre más alta, haciendo ver que le llevábamos la comida. Estuvimos una media hora hablando con ella, a la pobre chica la tenían siempre encerrada en aquella torre. Le explicamos todo lo que nos había sucedido, y ella sin pensarlo un minuto, cogió una cuerda larguísima, la ató a una columna y no dudó ni un momento en saltar. Nosotros la seguimos y nos dirigió hacia un establo. Cogió tres caballos ensillados y con ellos fuimos de nuevo al reino del Hombre Oscuro.
Al llegar, apareció el padre de Ruth, que tan sorprendido sólo pudo hacer que darnos las gracias y devolverle la memoria a Martin. El Hombre Oscuro y Ruth, se quedaron a vivir en aquel magnifico campo de amapolas.
 Martín y yo volvimos a Andalucía con nuestros hijos, pero a los tres años de que pasara todo eso, es decir, ahora en el presente, nos ha llegado una carta de Sergio, que dice que nos quiere ver...