No me reconoció, tenía la mirada perdida y estaba asustado.
De repente reaccionó, preguntándome quién era. No era posible; ¡No recordaba
nada de lo que habíamos vivido juntos aquellos últimos años! ¡No recordaba que
yo era la persona que más le amaba!
Le expliqué todo lo
que había sucedido, que un día desapareció dejando una nota que decía: “Me voy
en busca de la felicidad, encuéntrame. De: Martin” Y bien, yo le había encontrado,
pero él no recordaba nada de aquello, él
pensaba que tenía otra vida, sólo, en aquel magnífico campo de amapolas, en una
pequeña casa de madera... Seguidamente, pude contemplar que algo le preocupaba,
y me explicó que, desde que entró a ese campo tan bonito, olvidó todo. Me dijo
que fue él quien le hizo todo eso, él fue quien le borró la memoria. Pero...
¿Quién es “él”? le pregunté. Y no me respondió. Cada vez estaba más asustado e
inquieto por si alguien aparecía. Oímos un ruido que venia del bosque. Se escuchaba el galope de un caballo. Martín
me cogió del brazo y me hizo seguirle hasta aquella pequeña casa para poder
ponernos a salvo.
Una vez allí, me lo explicó todo con calma. Aquel hombre que
se estaba acercando a nosotros cada vez más, era el mismo hombre que le había robado
la memoria y la felicidad. Martín solo sabía que era un hombre que siempre
montaba un caballo blanco y que siempre llevaba una capa negra, por eso le
conocía como “El Hombre Oscuro”.
Yo le expliqué lo felices que éramos antes, en nuestra casa
de Andalucía y con nuestros tres hijos. Él me creyó, aun así, no recordaba
nada. Me dijo que la única manera de volver a recordar, era encontrando la
felicidad del Hombre Oscuro. Yo decidí quedarme con Martin para hallar la
felicidad de aquel hombre y así poder volver a ser una familia.
El sonido de los cascos del caballo se fue alejando hasta
desaparecer. Entonces, los dos salimos fuera de aquella pequeña casa de madera,
para intentar buscar alguna pista que seguir. Tras cuatro horas de búsqueda, al
fin encontramos un árbol enorme y dentro del tronco, un mapa. Seguimos las
indicaciones del mapa y llegamos a un cerezo precioso con las flores rosas.
Allí debajo comenzamos a cavar y encontramos una botella con una carta dentro.
La abrimos y explicaba una pequeña historia que trataba sobre Sergio, que le
había separado de su hija por un hechizo.
Ahora lo entendíamos
todo, el Hombre Oscuro se dedicaba a robar la felicidad de las personas, por la
misma tristeza que tenia de no estar con su hija Ruth. Sergio, vivía a muchos
quilómetros de aquel lugar, pero aun así, reunimos todas nuestras fuerzas y
llegamos. Tardamos 5 días, pero valió la pena.
Martín se hizo pasar por un guardia y yo por prisionera. Al
entrar al castillo sin ningún problema, decidimos ir a la habitación de Ruth,
que estaba en la torre más alta, haciendo ver que le llevábamos la comida.
Estuvimos una media hora hablando con ella, a la pobre chica la tenían siempre
encerrada en aquella torre. Le explicamos todo lo que nos había sucedido, y
ella sin pensarlo un minuto, cogió una cuerda larguísima, la ató a una columna
y no dudó ni un momento en saltar. Nosotros la seguimos y nos dirigió hacia un
establo. Cogió tres caballos ensillados y con ellos fuimos de nuevo al reino
del Hombre Oscuro.
Al llegar, apareció el padre de Ruth, que tan sorprendido sólo
pudo hacer que darnos las gracias y devolverle la memoria a Martin. El Hombre
Oscuro y Ruth, se quedaron a vivir en aquel magnifico campo de amapolas.
Martín y yo volvimos a
Andalucía con nuestros hijos, pero a los tres años de que pasara todo eso, es
decir, ahora en el presente, nos ha llegado una carta de Sergio, que dice que
nos quiere ver...